domingo, 31 de julio de 2016

MILLENNIUM ACTRESS (Sennen joyû)

 
AÑO: 2001 
DIRECCIÓN: Satoshi Kon
GUIÓN: Satoshi Kon y Sadayuki Murai
BSO: Susumu Hirasawa
FOTOGRAFÍA: Hisao Shirai
PERSONAJES: Chiyoko Fujiwara, Genya Tachibana, Kyoji Ida, pintor misterioso, Eiko Shimao, Junichi Ootaki, militar de la cicatriz, etc...


INTRODUCCIÓN: 
Millennium Actress, es el segundo largometraje del japonés Satoshi Kon y primero creado completamente por ordenador.


Precursora de obras posteriores como Tokyo Godfathers (en cuanto al empleo de fotografías para los flashbacks se refiere), Paranoia Agent (introduciendo a los personajes en recuerdos ajenos) o Paprika (sueño dentro de otro sueño), Millennium Actress sembraría un precedente indiscutible en el estilo de Kon.


En 2010 y cuando apenas contaba con 47 años de edad, cuatro películas (Perfect Blue, Millennium Actress, Tokyo Godfathers o Paprika) y una serie en su haber (Paranoia Agent), Satoshi Kon abandonó este mundo dejándonos un legado tan magnífico, como imperecedero. Sus películas, dirigidas a un sector más adulto que el anime de la época, se caracterizan por la fusión entre realidad y ficción o los mundos oníricos.
Asimismo, las complejas tramas psicológicas, sus personajes y estilo realistas o el detallismo en las localizaciones, se convertirían en otros de sus leitmotiv.


Su colaboración con dos de los grandes, como son los autores de las celebérrimas Ghost in the Shell (1995, Mamoru Oshii) y Akira (1988, Katsuhiro Otomo), inspiraría claramente la obra de Kon y le convertiría en un autor de prestigio a nivel internacional, posicionando a la animación japonesa en un lugar privilegiado.


Los más avispados, ya habrán advertido que el título del filme no es aleatorio, sino que como su propio nombre indica, corresponde a un milenio en el devenir histórico japonés. En apenas hora y media, la actriz protagonista pasa del Período Edo (1603 – 1868), donde aparece como ninja o como geisha, hasta el Período Shōwa (1926 – 1989), durante los bombardeos a Japón en la Segunda Guerra Mundial, para finalizar en el futuro de los viajes interestelares.


En ocasiones, la película recuerda a otros títulos con la posguerra como telón de fondo. La tumba de las luciérnagas (1988, Isao Takahata), representa perfectamente uno de tantos ejemplos. 


Kon nos muestra en esta atípica cinta, esa parte de la historia nacional e internacional que gran parte de occidentales y japoneses desconocían. Como él mismo afirmaría, fueron necesarios más de seiscientos libros para su labor de documentación (y mucho tiempo imagino), algo que le permitió conocer más a fondo su historia y cultura. Como para no ser así, con tal volumen de datos…


Millennium Actress es cine dentro del cine, desde sus entrañas y en su más puro estado. Una suerte de Cinema Paradiso de la animación en forma de subyugante poesía audiovisual disfrazada de costumbrismo. Un melodrama que gira en torno a la búsqueda del amor verdadero con cierta dosis de melancolía y enorme talento.


 Esa llave, que hace las veces de Mcguffin, se convierte en el nexo de una vida tejida entre recuerdos y promesas incumplidas, donde la confusión imperante se adueña de dos de sus protagonistas y los convierte en espectadores activos de la vida de una actriz.


 ¿Será esto la vida real? ¿o sólo será fantasía? Una delicia para los sentidos que demuestra cómo el cine de animación, más que un simple pasatiempo infantil, puede ser una fascinante joya del séptimo arte, digna de admiración que permanece incólume al paso del tiempo. Y Kon no se merece menos... 


SINOPSIS (¡ojo, a partir de aquí spoilers!):
Una astronauta aborda una nave dispuesta para su despegue. De repente, un temblor interrumpe la acción y sorprende a Genya Tachibana viendo lo que resulta ser una película de ciencia ficción.


Con la intención de rodar un documental sobre la veterana actriz Chiyoko Fujiwara, retirada hace décadas de los platós, Genya y su compañero Kyoji se trasladan hasta su casa. Es entonces cuando Genya, uno de sus mayores admiradores, aprovecha la ocasión para devolverle algo que había estado guardando durante mucho tiempo: una llave que antaño perteneció a Chiyoko y que abrirá la puerta de par en par a los recuerdos de la actriz.


En un memorable viaje por la historia y el cine japoneses, la propia Chiyoko nos lleva de la mano a través de sus memorias mientras recorremos un pasado en el que se entrelaza tanto su carrera de actriz, como su vida real.


Una existencia marcada por la búsqueda del pintor que cierto día robó su corazón y al que permanecería ligada gracias a la citada llave que éste le dejó, como una suerte de hilo rojo del destino que les mantendría unidos para siempre. Si bien esta búsqueda no es sino la “persecución de una sombra”, como el propio Genya indica, no es menos cierto que a su vez daría sentido a su vida.


Y tal como comenzaba el film, éste llega a su conclusión. Nos hallamos de nuevo ante la secuencia del cohete despegando mientras Genya y Kyoji observan desde la plataforma, analogía a su vez de la historia de Chiyoko: el inicio de un nuevo viaje más allá del mundo material, cual mayor Tom rumbo a las estrellas. The Show Must Go On, my friends.  


ANÉCDOTAS Y CURIOSIDADES:
La acción se desarrolla principalmente entre Tokyo y Hokkaido, aunque también en otros lugares imaginarios.


Según los recuerdos de Chiyoko, Kon juega con distintos colores para diferenciar unas partes de otras: las referidas a la vida de la actriz, aparecen en blanco y negro, con algunos colores puntuales o muy tenues si es algo esencial en la historia. Sin embargo, cuando se trata de los filmes que Chiyoko protagoniza, sorprende su deslumbrante colorido. Por otro lado, Genya y Kyoji conservan sus colores originales, puesto que son espectadores activos de los recuerdos de la actriz.


El encargado de la banda sonora, sería Susumu Hirasawa (Berserk), quien también colaboró con Satoshi Kon en Paranoia Agent y Paprika. El prestigio de este compositor y sus más de veinte años de carrera, le convirtieron en el candidato ideal para Kon. En Millennium Actress, destacan sus piezas electropop y predomina el piano. Estremecedoras a la par que enigmáticas todas ellas.


Por la cantidad de coincidencias, el personaje de Chiyoko parece estar inspirado en las actrices Setsuko Hara (1920 – 2015. Primavera tardía, Cuentos de Tokio...) y Hideko Takamine (1924 – 2010. El hombre del carrito, La vida de una mujer...).


La película homenajea a algunos de los títulos más destacados del celuloide, entre los que se hallan:

-¿Cómo te llamas? (Hideo Ôba, 1953). El cartel de la película que protagoniza Chiyoko en el que aparece con un pañuelo en la cabeza y la tendencia que tanto su película, como la original, crearían entre el público femenino.

Millennium Actress vs ¿Cómo te llamas?

-Godzilla (Ishirô Honda, 1954).


-Trono de Sangre (Akira Kurosawa, 1957). Ya sean los numerosos planos semejantes o la lluvia de flechas que cae sobre el cámara Kyoji y quedan clavadas a su alrededor, nos recuerdan a distintas escenas de la película de Kurosawa protagonizada por Taketoki Washizu.

Millennium Actress vs Trono de Sangre

-2001: Una odisea del espacio (Stanley Kubrick, 1968). Tanto algunos planos, como el traje de Chiyoko de astronauta, son similares a los que aparecen en el film de Kubrick.

Millennium Actress vs 2001

En cuanto a la indudable inspiración que Kon ha supuesto para muchos y que a más de uno sorprenderá, podemos destacar algunos casos como el de Darren Aronofsky, que se hizo con los derechos de Perfect Blue y se basaría en la ópera prima del desaparecido cineasta nipón para Réquiem por un Sueño (2000) y Cisne Negro (2010). Otro ejemplo palmario es el de Origen (Christopher Nolan, 2010), “influenciada” palpablemente por Paprika. Por último, tenemos el caso de Guardianes del Día (Timur Bekmambetov, 2006), cuyos créditos de cierre recuerdan a los del inicio de Tokyo Godfathers.



La obra de Kon está plagada de alegorías, y el caso que nos ocupa, es un buen ejemplo de ello. Por citar algunas: 

Sakura (flores/árboles de cerezo):
Simbolizan lo efímero de la vida y de la belleza, pues su periodo de floración es tan breve como hermoso. También guardan relación con la inocencia y la lealtad, así como con los encuentros y las despedidas. En el budismo, representan el ciclo de la vida, por lo que se asocian al renacer.


Para los samuráis, era su emblema, ya que recordaban a las gotas de sangre vertidas en combate. Equiparable a la floración de las sakura, era el aguerrido espíritu samurái durante el fulgor de la lucha, pues no existía mayor honor para estos guerreros nipones que morir durante la misma, cuando aún se hallaban en su máximo esplendor. La efímera vida de las sakura, tan delicadas que con un hálito de brisa tapizan el suelo de suaves colores rosados y envuelven todo con su fragancia, al igual que el samurái que sucumbe en la batalla, no se marchitan ni envejecen.


En Millennium Actress, forman parte del paisaje cuando Chiyoko va montada en carruaje y un tren pasa por su lado, mientras pasea por la ciudad en un jinrikisha (人力車, de jin (人) “persona”; riki (力), “fuerza”; y sha (車), “carruaje”) o carrito transportado por Genya cuando les adelanta el coche con Kyoji grabando la escena, y mientras baja una pendiente en su bicicleta a toda velocidad, hasta toparse con el militar de la cicatriz. Todas ellas, secuencias consecutivas cuyas connotaciones, tanto por los sakura en si, como por los distintos medios de transporte empleados para desplazarse, tienen que ver con el transcurso del tiempo.


Flor de loto:
En el budismo, es considerada una flor sagrada que sugiere la belleza, la fidelidad, la eternidad o el despertar espiritual. El loto, es también el perfecto representante de la pureza, porque florece en aguas estancadas (asociadas al deseo y el apego), mientras la flor se mantiene inmaculada. Cuando aparece completamente abierta, se identifica con el trascender del alma a su estado más elevado, abriéndose a la luz de la divinidad y del conocimiento.


En el filme donde la veterana actriz interpreta a una astronauta, la base lunar recuerda a un loto abriéndose. Los lotos también son parte del espléndido jardín de Chiyoko, apareciendo al comienzo de la película, aún cerrados, y durante un breve instante al final, ya completamente abiertos, cuando la actriz se encuentra ingresada en el hospital. Por último, tenemos el nombre del estudio de Genya, Lotus (El Loto), la flor predilecta de su idolatrada Chiyoko.


El espíritu de la anciana que aparece con una rueca en las visiones de Chiyoko, evoca a las Parcas de la mitología romana, las Moiras, de la griega, y las Nornas, de la nórdica. Todas ellas encarnaban el destino de mortales e inmortales manejando a su antojo el simbólico hilo de la vida, desde su nacimiento hasta su muerte.


En el desenlace de la película, se desvela que la auténtica identidad de la anciana no es otra que la Chiyoko del futuro con unas cuantas canas más. “Ya no era la niña que él recordaba. No quería que me viera vieja”, confesaba la actriz con un claro halo de nostalgia.


Grullas:
Para los japoneses, las grullas son seres mitológicos que viven mil años. Bautizadas como “aves de la felicidad” o “grullas celestiales”, se consideran las aves más antiguas sobre la faz de la tierra según las leyendas. Son el símbolo de la paz y la esperanza, y portadoras de buenos augurios. Se relacionan con la longevidad, la salud y la prosperidad, motivo por el que las hallamos presentes en muchos nacimientos. También son habituales en las bodas, pues simbolizan la fidelidad y la lealtad y dicen que otorgan mil años de felicidad conyugal. No en vano, las parejas de grullas permanecen unidas durante toda su vida.


Podemos observarlas en la decoración de la casa de Chiyoko, durante su nacimiento, en sus fotos infantiles, en uno de sus filmes cuando aparece por primera vez la anciana con la rueca, en otro mientras representa a una geisha, o en el camión que está a punto de atropellarla hacia el final de la película.


El derribo de los estudios de cine Ginei, tanto al comienzo, como en una de las escenas claves al final del film, es una clara alusión al declive de una época inexorablemente unida a la vida personal y profesional que formaría parte de ella.


Como ella misma confiesa, cada terremoto que tiene lugar a lo largo del filme, es el preludio de algún acontecimiento esencial en el destino Chiyoko, ya sea su propio nacimiento durante el célebre terremoto de Kanto, en 1923, el abandono de su carrera como actriz o su propio final.


En una de las últimas escenas del film, el cuadro de Chiyoko cae al suelo a causa de un terremoto y se rompe el cristal que lo protegía, sutil analogía del ocaso de una vida.


ESCENA MEMORABLE:
Cuando aparece el militar de la cicatriz en su periodo de expiación y le entrega a Chiyoko la carta que el enigmático pintor dejó antaño para ella. La carga emocional de esa escena y las que le suceden a continuación, junto a una serie de flashbacks y la música que les acompaña, es tal, que estremece el alma del más impasible de los seres.


MORALEJA:
“Cuando no se puede tener la realidad, bastan los sueños”. (Crónicas Marcianas. Ray Bradbury)
-THE END-