jueves, 7 de julio de 2011

Aventuras por España y encuentros rosaventeros (un viaje hacia otra realidad).

Un viaje, es una nueva vida, con un nacimiento, un crecimiento y una muerte que nos es ofrecida en el interior de la otra. Aprovechémoslo.”  (Paul Morand).

Emulando en parte al gran Neruda: Cuando alguien comienza un viaje, nunca sabe lo que los hados le depararán de él... Y es que un viaje, no es tan sólo un recorrido de kilómetros de distancia en avión, barco, bicicleta o furgoneta, sino un encuentro con uno mismo, de cada cual depende si desea enfrentarse al reto o no.

Desde la llegada a un hogar campestre, polvoriento, carente de agua y luz, plagado sin embargo de alimañas de todo tipo, ¡incluso de malditos roedores noctámbulos con singulares predilecciones gastronómicas!, hasta la incursión por la capital del reino, se sucedieron infinitas sincronías, encuentros y reencuentros, cincelando un propósito aún hoy por desvelar, pero indudablemente, cargado de simbología y respuestas de suma importancia para nuestro propio transitar vital a partir de entonces.

En un lugar de la sierra madrileña, de cuyo nombre siempre podré acordarme, en el Templo de Debod, en la Casa de Campo, en El Escorial, paseando por las calles de los literatos madrileñas o por El Retiro... hallando singulares personajes en los lugares más inverosímiles, huyendo de charlatanes sectarios y pseudo “iluminados”, practicantes de “pedorretas geológicas” o compartiendo una pasión, La Rosa de los Vientos, durante una post tarde-noche de San Juan, donde la magia podía sentirse por doquier y cuyo nexo de unión es y será por siempre uno de los seres más increíbles y maravillosos que vivió "encantado y feliz como una lombriz" sobre la faz de la tierra, sin olvidar el tórrido calor y cierta noche de vigilia originada por un brutal choque de energías místicas... tantas y tantas experiencias difíciles de olvidar.

Ya lo decía el grupo Queen: Sabiendo que existe un poco de magia en el aire, es posible tejer nuestro hechizo, resultando por ende ineludible, la perfecta conjunción de las ánimas que se deleitan y cautivan mutuamente desde tiempos inmemoriales y que por algún motivo subyacente a la razón, cruzaron océanos de tiempo para encontrarse, ¿tan utópico es acaso el reencuentro con aquellos amigos que nos sorprenden gratamente cuando menos lo esperamos y comprendemos que no por casualidad se cruzaron en nuestras vidas? ¿Acaso no podemos sentir en este vacuo mundo una energía tan poderosa e intensa que nos permita fundirnos en otra dimensión con una entidad afín en un abrazo infinito de duende y kokoro? Ergo, como se cita en la magnífica película de Eliseo Subiela, El Lado Oscuro del Corazón: ¿Y quién se atreve a sostener que el corazón es una locura? ¿Y quién se atreve a sostener que no lo es?

In lak'ech, mis queridos amigos.

El viaje no termina jamás. Sólo los viajeros terminan. Y también ellos pueden subsistir en memoria, en recuerdo, en narración… El objetivo de un viaje es sólo el inicio de otro viaje. (José Saramago).