domingo, 31 de julio de 2016

MILLENNIUM ACTRESS (Sennen joyû)

 
AÑO: 2001 
DIRECCIÓN: Satoshi Kon
GUIÓN: Satoshi Kon y Sadayuki Murai
BSO: Susumu Hirasawa
FOTOGRAFÍA: Hisao Shirai
PERSONAJES: Chiyoko Fujiwara, Genya Tachibana, Kyoji Ida, pintor misterioso, Eiko Shimao, Junichi Ootaki, militar de la cicatriz, etc...


INTRODUCCIÓN: 
Millennium Actress, es el segundo largometraje del japonés Satoshi Kon y primero creado completamente por ordenador.


Precursora de obras posteriores como Tokyo Godfathers (en cuanto al empleo de fotografías para los flashbacks se refiere), Paranoia Agent (introduciendo a los personajes en recuerdos ajenos) o Paprika (sueño dentro de otro sueño), Millennium Actress sembraría un precedente indiscutible en el estilo de Kon.


En 2010 y cuando apenas contaba con 47 años de edad, cuatro películas (Perfect Blue, Millennium Actress, Tokyo Godfathers o Paprika) y una serie en su haber (Paranoia Agent), Satoshi Kon abandonó este mundo dejándonos un legado tan magnífico, como imperecedero. Sus películas, dirigidas a un sector más adulto que el anime de la época, se caracterizan por la fusión entre realidad y ficción o los mundos oníricos.
Asimismo, las complejas tramas psicológicas, sus personajes y estilo realistas o el detallismo en las localizaciones, se convertirían en otros de sus leitmotiv.


Su colaboración con dos de los grandes, como son los autores de las celebérrimas Ghost in the Shell (1995, Mamoru Oshii) y Akira (1988, Katsuhiro Otomo), inspiraría claramente la obra de Kon y le convertiría en un autor de prestigio a nivel internacional, posicionando a la animación japonesa en un lugar privilegiado.


Los más avispados, ya habrán advertido que el título del filme no es aleatorio, sino que como su propio nombre indica, corresponde a un milenio en el devenir histórico japonés. En apenas hora y media, la actriz protagonista pasa del Período Edo (1603 – 1868), donde aparece como ninja o como geisha, hasta el Período Shōwa (1926 – 1989), durante los bombardeos a Japón en la Segunda Guerra Mundial, para finalizar en el futuro de los viajes interestelares.


En ocasiones, la película recuerda a otros títulos con la posguerra como telón de fondo. La tumba de las luciérnagas (1988, Isao Takahata), representa perfectamente uno de tantos ejemplos. 


Kon nos muestra en esta atípica cinta, esa parte de la historia nacional e internacional que gran parte de occidentales y japoneses desconocían. Como él mismo afirmaría, fueron necesarios más de seiscientos libros para su labor de documentación (y mucho tiempo imagino), algo que le permitió conocer más a fondo su historia y cultura. Como para no ser así, con tal volumen de datos…


Millennium Actress es cine dentro del cine, desde sus entrañas y en su más puro estado. Una suerte de Cinema Paradiso de la animación en forma de subyugante poesía audiovisual disfrazada de costumbrismo. Un melodrama que gira en torno a la búsqueda del amor verdadero con cierta dosis de melancolía y enorme talento.


 Esa llave, que hace las veces de Mcguffin, se convierte en el nexo de una vida tejida entre recuerdos y promesas incumplidas, donde la confusión imperante se adueña de dos de sus protagonistas y los convierte en espectadores activos de la vida de una actriz.


 ¿Será esto la vida real? ¿o sólo será fantasía? Una delicia para los sentidos que demuestra cómo el cine de animación, más que un simple pasatiempo infantil, puede ser una fascinante joya del séptimo arte, digna de admiración que permanece incólume al paso del tiempo. Y Kon no se merece menos... 


SINOPSIS (¡ojo, a partir de aquí spoilers!):
Una astronauta aborda una nave dispuesta para su despegue. De repente, un temblor interrumpe la acción y sorprende a Genya Tachibana viendo lo que resulta ser una película de ciencia ficción.


Con la intención de rodar un documental sobre la veterana actriz Chiyoko Fujiwara, retirada hace décadas de los platós, Genya y su compañero Kyoji se trasladan hasta su casa. Es entonces cuando Genya, uno de sus mayores admiradores, aprovecha la ocasión para devolverle algo que había estado guardando durante mucho tiempo: una llave que antaño perteneció a Chiyoko y que abrirá la puerta de par en par a los recuerdos de la actriz.


En un memorable viaje por la historia y el cine japoneses, la propia Chiyoko nos lleva de la mano a través de sus memorias mientras recorremos un pasado en el que se entrelaza tanto su carrera de actriz, como su vida real.


Una existencia marcada por la búsqueda del pintor que cierto día robó su corazón y al que permanecería ligada gracias a la citada llave que éste le dejó, como una suerte de hilo rojo del destino que les mantendría unidos para siempre. Si bien esta búsqueda no es sino la “persecución de una sombra”, como el propio Genya indica, no es menos cierto que a su vez daría sentido a su vida.


Y tal como comenzaba el film, éste llega a su conclusión. Nos hallamos de nuevo ante la secuencia del cohete despegando mientras Genya y Kyoji observan desde la plataforma, analogía a su vez de la historia de Chiyoko: el inicio de un nuevo viaje más allá del mundo material, cual mayor Tom rumbo a las estrellas. The Show Must Go On, my friends.  


ANÉCDOTAS Y CURIOSIDADES:
La acción se desarrolla principalmente entre Tokyo y Hokkaido, aunque también en otros lugares imaginarios.


Según los recuerdos de Chiyoko, Kon juega con distintos colores para diferenciar unas partes de otras: las referidas a la vida de la actriz, aparecen en blanco y negro, con algunos colores puntuales o muy tenues si es algo esencial en la historia. Sin embargo, cuando se trata de los filmes que Chiyoko protagoniza, sorprende su deslumbrante colorido. Por otro lado, Genya y Kyoji conservan sus colores originales, puesto que son espectadores activos de los recuerdos de la actriz.


El encargado de la banda sonora, sería Susumu Hirasawa (Berserk), quien también colaboró con Satoshi Kon en Paranoia Agent y Paprika. El prestigio de este compositor y sus más de veinte años de carrera, le convirtieron en el candidato ideal para Kon. En Millennium Actress, destacan sus piezas electropop y predomina el piano. Estremecedoras a la par que enigmáticas todas ellas.


Por la cantidad de coincidencias, el personaje de Chiyoko parece estar inspirado en las actrices Setsuko Hara (1920 – 2015. Primavera tardía, Cuentos de Tokio...) y Hideko Takamine (1924 – 2010. El hombre del carrito, La vida de una mujer...).


La película homenajea a algunos de los títulos más destacados del celuloide, entre los que se hallan:

-¿Cómo te llamas? (Hideo Ôba, 1953). El cartel de la película que protagoniza Chiyoko en el que aparece con un pañuelo en la cabeza y la tendencia que tanto su película, como la original, crearían entre el público femenino.

Millennium Actress vs ¿Cómo te llamas?

-Godzilla (Ishirô Honda, 1954).


-Trono de Sangre (Akira Kurosawa, 1957). Ya sean los numerosos planos semejantes o la lluvia de flechas que cae sobre el cámara Kyoji y quedan clavadas a su alrededor, nos recuerdan a distintas escenas de la película de Kurosawa protagonizada por Taketoki Washizu.

Millennium Actress vs Trono de Sangre

-2001: Una odisea del espacio (Stanley Kubrick, 1968). Tanto algunos planos, como el traje de Chiyoko de astronauta, son similares a los que aparecen en el film de Kubrick.

Millennium Actress vs 2001

En cuanto a la indudable inspiración que Kon ha supuesto para muchos y que a más de uno sorprenderá, podemos destacar algunos casos como el de Darren Aronofsky, que se hizo con los derechos de Perfect Blue y se basaría en la ópera prima del desaparecido cineasta nipón para Réquiem por un Sueño (2000) y Cisne Negro (2010). Otro ejemplo palmario es el de Origen (Christopher Nolan, 2010), “influenciada” palpablemente por Paprika. Por último, tenemos el caso de Guardianes del Día (Timur Bekmambetov, 2006), cuyos créditos de cierre recuerdan a los del inicio de Tokyo Godfathers.



La obra de Kon está plagada de alegorías, y el caso que nos ocupa, es un buen ejemplo de ello. Por citar algunas: 

Sakura (flores/árboles de cerezo):
Simbolizan lo efímero de la vida y de la belleza, pues su periodo de floración es tan breve como hermoso. También guardan relación con la inocencia y la lealtad, así como con los encuentros y las despedidas. En el budismo, representan el ciclo de la vida, por lo que se asocian al renacer.


Para los samuráis, era su emblema, ya que recordaban a las gotas de sangre vertidas en combate. Equiparable a la floración de las sakura, era el aguerrido espíritu samurái durante el fulgor de la lucha, pues no existía mayor honor para estos guerreros nipones que morir durante la misma, cuando aún se hallaban en su máximo esplendor. La efímera vida de las sakura, tan delicadas que con un hálito de brisa tapizan el suelo de suaves colores rosados y envuelven todo con su fragancia, al igual que el samurái que sucumbe en la batalla, no se marchitan ni envejecen.


En Millennium Actress, forman parte del paisaje cuando Chiyoko va montada en carruaje y un tren pasa por su lado, mientras pasea por la ciudad en un jinrikisha (人力車, de jin (人) “persona”; riki (力), “fuerza”; y sha (車), “carruaje”) o carrito transportado por Genya cuando les adelanta el coche con Kyoji grabando la escena, y mientras baja una pendiente en su bicicleta a toda velocidad, hasta toparse con el militar de la cicatriz. Todas ellas, secuencias consecutivas cuyas connotaciones, tanto por los sakura en si, como por los distintos medios de transporte empleados para desplazarse, tienen que ver con el transcurso del tiempo.


Flor de loto:
En el budismo, es considerada una flor sagrada que sugiere la belleza, la fidelidad, la eternidad o el despertar espiritual. El loto, es también el perfecto representante de la pureza, porque florece en aguas estancadas (asociadas al deseo y el apego), mientras la flor se mantiene inmaculada. Cuando aparece completamente abierta, se identifica con el trascender del alma a su estado más elevado, abriéndose a la luz de la divinidad y del conocimiento.


En el filme donde la veterana actriz interpreta a una astronauta, la base lunar recuerda a un loto abriéndose. Los lotos también son parte del espléndido jardín de Chiyoko, apareciendo al comienzo de la película, aún cerrados, y durante un breve instante al final, ya completamente abiertos, cuando la actriz se encuentra ingresada en el hospital. Por último, tenemos el nombre del estudio de Genya, Lotus (El Loto), la flor predilecta de su idolatrada Chiyoko.


El espíritu de la anciana que aparece con una rueca en las visiones de Chiyoko, evoca a las Parcas de la mitología romana, las Moiras, de la griega, y las Nornas, de la nórdica. Todas ellas encarnaban el destino de mortales e inmortales manejando a su antojo el simbólico hilo de la vida, desde su nacimiento hasta su muerte.


En el desenlace de la película, se desvela que la auténtica identidad de la anciana no es otra que la Chiyoko del futuro con unas cuantas canas más. “Ya no era la niña que él recordaba. No quería que me viera vieja”, confesaba la actriz con un claro halo de nostalgia.


Grullas:
Para los japoneses, las grullas son seres mitológicos que viven mil años. Bautizadas como “aves de la felicidad” o “grullas celestiales”, se consideran las aves más antiguas sobre la faz de la tierra según las leyendas. Son el símbolo de la paz y la esperanza, y portadoras de buenos augurios. Se relacionan con la longevidad, la salud y la prosperidad, motivo por el que las hallamos presentes en muchos nacimientos. También son habituales en las bodas, pues simbolizan la fidelidad y la lealtad y dicen que otorgan mil años de felicidad conyugal. No en vano, las parejas de grullas permanecen unidas durante toda su vida.


Podemos observarlas en la decoración de la casa de Chiyoko, durante su nacimiento, en sus fotos infantiles, en uno de sus filmes cuando aparece por primera vez la anciana con la rueca, en otro mientras representa a una geisha, o en el camión que está a punto de atropellarla hacia el final de la película.


El derribo de los estudios de cine Ginei, tanto al comienzo, como en una de las escenas claves al final del film, es una clara alusión al declive de una época inexorablemente unida a la vida personal y profesional que formaría parte de ella.


Como ella misma confiesa, cada terremoto que tiene lugar a lo largo del filme, es el preludio de algún acontecimiento esencial en el destino Chiyoko, ya sea su propio nacimiento durante el célebre terremoto de Kanto, en 1923, el abandono de su carrera como actriz o su propio final.


En una de las últimas escenas del film, el cuadro de Chiyoko cae al suelo a causa de un terremoto y se rompe el cristal que lo protegía, sutil analogía del ocaso de una vida.


ESCENA MEMORABLE:
Cuando aparece el militar de la cicatriz en su periodo de expiación y le entrega a Chiyoko la carta que el enigmático pintor dejó antaño para ella. La carga emocional de esa escena y las que le suceden a continuación, junto a una serie de flashbacks y la música que les acompaña, es tal, que estremece el alma del más impasible de los seres.


MORALEJA:
“Cuando no se puede tener la realidad, bastan los sueños”. (Crónicas Marcianas. Ray Bradbury)
-THE END-





jueves, 31 de marzo de 2016

KAGUYA - HIME

Cuenta una antigua leyenda japonesa que hace mucho, mucho tiempo, existió un anciano que cosechaba bambú cuyo nombre respondía al de Taketori no Okina (el anciano cortador bambú).

Taketori no Okina lleva a Kaguya-hime a su casa. (Dibujo de Tosa Horomichi, 1650)

Un buen día, mientras paseaba por el bosque en busca de hermosos tallos de bambú con los que ganarse el sustento, vio algo brillar a lo lejos. El anciano, empujado por la curiosidad, se acercó hasta el fondo del bosque para descubrir un tallo de bambú que brillaba con un extraño fulgor. Cual no sería su sorpresa cuando al proceder a cortar el tallo, halló en su interior a una niña del tamaño de un dedo pulgar, envuelta en finos ropajes y cuyo cabello brillaba con un extraño resplandor plateado. El anciano, tomó a la niña entre sus manos y la llevó a su casa, donde él y su esposa la bautizaron con el nombre de Kaguya-hime (輝夜姫, Princesa de la luz brillante o Princesa de la noche radiante) por sus hermosos y extraños cabellos. La consideraron un regalo de los dioses y la criaron como a su propia hija, ya que los hados no les habían concedido descendencia alguna.


Kaguya-hime creció feliz y nunca le faltó nada, pues desde que vivía con la pareja de ancianos, cada vez que Taketori no okina cortaba un tallo de bambú, encontraba en su interior pepitas de oro.
Transcurrieron los años y la niña se convirtió en una hermosa joven. La fama de su belleza era tal, que se extendió rápidamente por todo el reino, hasta el punto de que muy pronto infinidad de pretendientes acudieron a la morada de Taketori no okina para pedirle la mano de su hija. Sin embargo, Kaguya-hime, los rechazaba sistemáticamente a todos y estos volvían desanimados a sus casas. Todos, salvo cinco nobles de la más alta alcurnia que persistieron en su empeño: el príncipe Ishitsukuri, el príncipe Kuramochi, el ministro Abe no Miushi , el gran consejero Ootomo no Miyuki y el segundo consejero Isonokami no Marotari.

Kaguya-Hime no Monogatari (Isao Takahata, 2013)

Aunque la princesa siquiera consideró la posibilidad de contraer matrimonio, ellos no desfallecieron y lograron convencer a Taketori para que intercediese ante su hija y escogiera a uno. Como no quería decepcionar a su padre, Kaguya-hime decidió someterlos a inverosímiles pruebas, encargándoles a cada uno un objeto a cual más extraño e inalcanzable, y les comunicó que se casaría con aquel que consiguiera completar la ardua búsqueda.
  • El primero, debería traerle el cuenco de piedra con el cual el mismísimo Buda se dedicó a mendigar en sus viajes por la India.
  • Al segundo, le encargó una legendaria rama de oro y plata de la que brotaban piedras preciosas y que se hallaba exclusivamente en un árbol del monte Hōrai (lugar místico heredado del Monte Penglai de la mitología china, considerado sagrado para los budistas). 
  • El tercero, tenía que buscar la túnica hecha con el pelo del legendario ratón de fuego, que dicen se hallaba en China. 
  • Al cuarto, le correspondía recuperar la joya de diferentes colores que adornaba el cuello de un temible dragón.
  • Finalmente y como última petición, el quinto pretendiente debería encontrar una concha preciosa de koyasugai (mítico talismán de la fertilidad) que sólo se hallaba en los nidos de ciertas golondrinas.
Dictados los deseos de la muchacha, los cinco pretendientes, partieron en una singular búsqueda a sus respectivos viajes.

Kaguya-Hime no Monogatari (Isao Takahata, 2013)

Tras pasar el tiempo y viendo que la tarea encomendada por ésta resultaba imposible, el primer pretendiente que era un perezoso incontenible, en lugar de viajar a la India, pagó una gran suma por un cuenco que halló en un templo de Kyoto. Posteriormente, lo mandó a la princesa junto con una carta donde relataba los grandes riesgos que había sufrido en su viaje. Extrañada de que hubiera regresado con tanta celeridad, aunque ilusionada ante aquella importante reliquia, la princesa abrió el presente. Pero en cuanto lo vio, se dio cuenta de que el cuenco no resplandecía con la luz sagrada propia del cuenco de Buda y se lo devolvió decepcionada al príncipe, quien lo guardó desde entonces como recordatorio de que no se podía esperar nada bueno del mundo si no estabas dispuesto a trabajar por ello.

 -¿No sería un engaño nuestro amor si intentas comprarlo con argucias? Éste no es el santo cuenco de Buda, sino un simple plato adornado, ¿no ves acaso que carece de su luz santa?-, añadió la princesa.

El segundo príncipe, volvió al cabo de tres años sucio y con sus ropas desgastadas, pero con una hermosísima rama de oro y joyas, tal y como había pedido la princesa. A continuación, relató cómo había llevado a cabo un viaje plagado de peligros y privaciones en el que casi pierde la vida. Las lágrimas comenzaron a brotar de los ojos de Kaguya-hime al imaginar el sufrimiento que había hecho pasar al joven, cuando de repente fueron interrumpidos por seis orfebres que buscaban al príncipe reclamando el pago por los tres años que habían pasado escondidos a su servicio elaborando la rama. Avergonzado, el joven se marchó fuera del país para no volver, mientras que la princesa devolvía la rama a los artesanos al tiempo que les pagaba por su trabajo.


El tercero, a quien se le había pedido la túnica de pelo del ratón de fuego, ofreció una gran cantidad de dinero a algunos comerciantes que iban a China y estos le trajeron una vistosa piel que según ellos, pertenecía al mítico ratón. Cuando se la llevó a la princesa, ella afirmó:

-Realmente es una piel muy fina. Pero según la leyenda, el pelo del ratón de fuego no arde ni siquiera cuando se echa al fuego, así que comprobémoslo-. Entonces, la princesa tiró la piel al fuego y ésta se convirtió en cenizas, por lo que el joven abandonó la habitación cabizbajo.

En cuanto a los dos hombres restantes, perecieron intentando hallar los tesoros que la princesa les había solicitado como prenda de amor.

Impresionado ante las historias que se contaban acerca de sus pretendientes, el propio emperador (o mikado) de Japón, se interesó por la belleza de la muchacha y partió sin demora para comprobar si su leyenda era cierta. En cuanto puso sus ojos sobre Kaguya, el emperador quedó prendado de la joven y le pidió que se casara con él y se fuera a vivir a su palacio. Mas aunque él no se había sometido a las mismas pruebas que los demás, la princesa lo rechazó con tristeza:

-Aunque no dudo de que vuestro amor es sincero, jamás podría casarme con vos, pues no pertenezco a este mundo… algún día habré de partir y no quisiera veros sufrir-.

A pesar de estas palabras, el emperador continuaba insistiendo cada día para ablandar el corazón de la princesa y convertirla así en su esposa.


Durante ese verano, cada vez que Kaguya-hime contemplaba la luna, la melancolía se adueñaba de ella y sus ojos se le llenaban de lágrimas (en aquella época mirar a la luna estaba considerado tabú por atraer la mala suerte, pues para la mitología japonesa es un astro un tanto siniestro. Nada que ver con la romántica tradición occidental), y aunque sus ancianos padres estaban muy preocupados e intentaron averiguar qué le ocurría, la princesa guardaba silencio. Cada día que pasaba, su afable carácter se iba ensombreciendo más y más, hasta que acabó sumiéndose en una profunda tristeza. Los días pasaron y en la víspera de la luna llena de mediados de agosto, la princesa confesó entre lágrimas:

-Amados padres, hace tiempo un mensajero me comunicó una triste noticia. En realidad, yo no pertenezco a este mundo, sino al Reino Celestial, de donde fui arrancada de brazos de mi madre para protegerme de una batalla que allí se libraba. Es por eso que no podía aceptar en matrimonio al emperador y debo despedirme de vosotros con gran pesar. En mi corazón siempre tendréis mi agradecimiento, pues durante todo este tiempo, he aprendido a amar este mundo y a vosotros que tan bien me habéis tratado desde que me encontrastéis. Así pues, en la próxima luna llena vendrán a buscarme para llevarme de vuelta al Reino de la Luna-.

Taketori Monogatari (Tobi)

Los ancianos trataron de convencerla de que no partiera, pero ella contestó que debía hacerlo. Desesperado, su padre avisó al emperador, que no tardó en mandar a miles de sus mejores guerreros para velar la casa y proteger a Kaguya-hime. Llegada la temida noche, la luna surgió más brillante que nunca, ascendiendo lentamente bajo la atenta mirada de los guerreros, que esperaban con las armaduras dispuestas, las espadas desenvainadas y las flechas en los arcos. Cuando el astro alcanzó su cenit, se hizo visible el Puente de las hadas o Amenoukihashi (puente flotante de los cielos) que existe entre el Cielo y la Tierra, mientras un cortejo de soldados de brillante armadura, bajaba de las alturas. En cuanto fueron bañados por la inmensa luz que desprendían los seres celestiales, los guardianes quedaron paralizados, observando inmóviles como los habitantes de la Luna se acercaban a la casa.

Pese a las súplicas del viejo cortador de bambú para que no se llevaran a su hija, el rey de la Luna, aludió: 

–Sabemos del buen trato que han dado a la princesa, y les hemos recompensado por ello enviándoles riqueza y prosperidad en forma de pepitas de oro dentro de los tallos de bambú. Pero los días de Kaguya-hime en la Tierra han llegando a su fin y debemos partir hacia nuestro hogar-. 

La princesa se despidió de sus padres en la Tierra y les dijo que no era su voluntad abandonarlos, pero que la recordaran siempre cuando mirasen a la luna. Entonces, se quitó la capa bordada que llevaba sobre los hombros, y se la dio como recuerdo para que nunca la olvidaran.

A pesar de la impaciencia de los mensajeros celestiales y jinetes, Kaguya-hime escribió distintas cartas a todos sus amigos para despedirse de ellos. Tampoco quiso olvidarse de su buen amigo el emperador, a quien junto a una hermosa carta de despedida, mandó también un frasco con el elixir de la inmortalidad. A continuación, las hadas de la luna colocaron sobre los hombros de la princesa un manto mágico de brillantes plumas, blancas como la nieve, con el cual se borraron todos los recuerdos de su vida en la Tierra. De este modo, se convirtió de nuevo en la inmortal Princesa de la Luna y regresó hacia su hogar celestial en Tsuki-no-Miyakov (la Ciudad de la Luna).

Kaguya regresa a la luna (Tosa Horomichi)

Tras la triste partida y habiendo recibido la carta de Kaguya-hime, el desolado emperador preguntó entre lágrimas a sus siervos:

-Decidme, ¿cuál es la montaña de nuestro país que más cerca se encuentra del cielo?-

-La gran montaña que hay en la provincia de Suruga es el lugar más cercano al cielo, tanto que apenas se puede distinguir entre las nubes-, respondió uno de ellos. 

De inmediato, el emperador escribió una carta y envió un ejército de guerreros imperiales a la cumbre de aquella montaña con la misión de quemar su carta para que al ascender al cielo, el humo sirviera como mensaje de despedida de aquella que había robado su corazón y ahora se hallaba tan lejana en su Reino Celestial. Junto a la carta, el emperador también ordenó quemar el frasco del elixir de la inmortalidad, pues no deseaba vivir por siempre sin poder ver a Kaguya-hime.

Desde entonces, la montaña recibe el nombre de Monte de la Inmortalidad y es conocida en japonés como Monte Fuji (不死). También dicen que el kanji de montaña, 富士山 (literalmente “montaña donde abundan los guerreros”), deriva del ejército del emperador ascendiendo por la ladera de la montaña para llevar a cabo su orden. Cuentan las leyendas, que cuando aún permanecía activo en la antigüedad, el humo que podía observarse ascendiendo hacia el cielo desde el Monte Fuji, pertenecía a los restos del mensaje del emperador que no había perdido la esperanza de que la princesa recibiera el mensaje y volviese a la tierra al recordar a su amado emperador.

Kaguya-hime
Kaguya-hime no Monogatari (Isao Takahata, 2013)
  • Existe otro final alternativo y más escabroso que relata la siguiente historia:
Pasados los años, cayó de los cielos el manto mágico de plumas blancas que las hadas de la Luna dieron a la princesa Kaguya. Un monje llamado Miatsu que pasaba por allí, se enteró de la historia de la princesa y fue a ver al emperador para decirle que si alguna vez la luna llena aparecía más de lo que era habitual, llevara la capa al Monte Fuji y la quemara. Cuando el emperador preguntó la razón, el monje contestó que la princesa Kaguya, había recibido la carta que él quemó tiempo atrás, y que se sentía molesta por no haber podido permanecer en el planeta. Por eso, había decidido convertir la Tierra en un lugar similar a la Luna: sin espacio ni tiempo, sumida en una noche eterna, para así poder regresar.

Kaguya-hime no Monogatari (Isao Takahata, 2013)

El emperador pidió al monje que encerrase a Kaguya-hime en un lugar del cual jamás pudiera escapar. Miatsu así lo hizo, y confinó a la princesa en un espejo del palacio (a partir de ese momento, conocido como Espejo de la Vida o Espejo de la Luna), junto a los cinco objetos que ella pidió a sus pretendientes y que serían empleados como llaves de apertura del portal entre la Luna y la Tierra. De esta forma, la humanidad permanecería a salvo del poder de la princesa.

Finalmente, el manto mágico de Kaguya-hime, fue entregado a una familia ancestral cuyos miembros tenían fama de poseer poderes espirituales. Mas la princesa se enteró de todo por medio de un sirviente del palacio que estaba encargado del cuidado el espejo que la mantenía cautiva del hechizo, y le pidió al Rey de la Luna que hiciera que del Monte Fuji cayera fuego y lava. Así se hizo, y tomando la furia de la princesa como componente principal, el rey creó un volcán que no hizo erupción puesto que la rabia de la princesa no era suficiente. Desde entonces las erupciones del Monte Fuji (pocas en la historia), han sido violentas debido a la furia acumulada de Kaguya-hime.
- FIN -  

Kaguya-hime no Monogatari (Isao Takahata, 2013)

Curiosidades:

* El cortador de bambú recibe también el nombre de Sanuki No Miyatsuko. Asimismo, a Kaguya-hime se la conoce además por Nayotake No Kaguyahime (la Princesa Resplandeciente del Flexible Bambú).

Kaguya-hime no Monogatari (Isao Takahata, 2013)

 * La historia del cortador de bambú y Kaguya-hime está considerada como el relato narrativo más antiguo del folklore japonés, y un ejemplo muy temprano de lo que podría llamarse “proto-ciencia ficción”.  

Kaguya-hime no Monogatari (Isao Takahata, 2013)
 

* Este cuento presenta bastantes similitudes con un antiguo relato tibetano, Banzhu Guniang (班竹姑娘).  

* El Monte Fuji es una montaña bella, aunque peligrosa, ya que se trata de un volcán activo, actualmente en reposo, que a lo largo de la historia ha sufrido varias erupciones violentas. La última de ellas tuvo lugar en 1707, en pleno periodo Edo, y desde entonces permanece en estado latente y continuamente monitorizado. Se ha calculado que su ciclo eruptivo es de unos 300 años, por lo que en teoría podría entrar de nuevo en erupción en cualquier momento. Su nombre correcto en japonés es Fuji-san 富士山, a pesar de que en España se ha popularizado la pronunciación Fujiyama. Este, es un error muy común debido a una lectura errónea del kanji de “montaña” , que se pronuncia san en chino y yama en japonés. Como el nombre del volcán es un compuesto de varios kanji, lo normal es que se lean todos con su pronunciación de origen chino, como ha de hacerse también en este caso.
 
* En 1987, la historia de Kaguya-hime fue adaptada al cine en el largometraje La princesa de la luna, dirigido por Kon Ichikawa. Asimismo, existen numerosas referencias en títulos como Doraemon y Sailor Moon, sin olvidar canciones, videojuegos y series de televisión. Un ejemplo es el episodio de la serie Tokusatsu Gougou Sentai Boukenger, basado en la leyenda de la princesa Kaguya. O sin ir más lejos y trasladándonos al universo Ghibli, descubrimos el embrión de lo que sucedería 14 años después: Mis vecinos los Yamada, con el alumbramiento de Nonoko a modo de guiño a la leyenda de la princesa Kaguya.

Nonoko. Mis vecinos los Yamada (Isao Takahata, 1999)

Pero el principal motivo de este post, más allá de las curiosidades que envuelven a esta leyenda, no es otro que el reciente estreno en España de Kaguya-hime no monogatari, la última película de Isao Takahata. Un deleite para los sentidos que os invito a disfrutar, delicada y subyugante, como el sakura bajo el que danza su protagonista.

No en vano, si tenemos en cuenta la simbología de dicha flor, sabremos que es la perfecta representante de lo efímero de la vida y de la belleza, pues su periodo de floración es tan breve como hermoso.

También guarda relación con la inocencia y la lealtad, así como con los encuentros y las despedidas. En el budismo, representa el ciclo de la vida, por lo que se asocia al renacer.

Para los samuráis, era su emblema, ya que recordaba a las gotas de sangre vertidas en combate. Equiparable a la floración de las sakura, era el aguerrido espíritu samurái durante el fulgor de la lucha, pues no existía mayor honor para estos guerreros nipones que morir durante la misma, cuando aún se hallaban en su máximo esplendor.

La efímera vida de las sakura, tan delicadas que con un hálito de brisa tapizan el suelo de suaves colores rosados y envuelven todo con su fragancia, al igual que el samurái que sucumbe en la batalla, no se marchitan ni envejecen. Una perfecta alegoría de la personalidad de Kaguya y de la obra que Takahata nos regala a todos aquellos que creemos en la magia del cine vista desde otros ojos.


Desde aquí, os recomiendo la lectura de la maravillosa reseña que Miguel Ángel Pizarro escribió sobre Kaguya-hime no Monogatari (Isao Takahata, 2013), así como el visionado del trailer en español.